Quien se encuentre en la misma situación que ella, que levante la mano. A mí me costó más tiempo decidir que quería darme de baja en la SantaIglesiaCatólicaApostólicaRomana. El último día, aquel que dije basta, borradme de la lista por favor, estuve en -lo que me dijeron sería- un retiro espiritual.
De jueves tarde a lunes mañana. Prepararse para Pascua, creo que me explicaron. Y la Mona me dijo "te vendrá bien. Tendrás tiempo de pensar en un montón de cosas. El retiro mola". Y allí me fui. Cogí cuatro cosas y me planté en la puerta del convento. Sí. Un convento. Sólo niñas, por supuesto.
El jueves cantamos. Únicamente. Y mucho. Quizás porque en aquella época ya había empezado a tontear con las letras de Juaninacka y Toteking, no me emocionaba la idea de pasarme todo el finde cantando con una guitarra cosas como esta:

Yo tengo un gozo en el alma ¡grande!
gozo en el alma, ¡grande!
gozo en el alma y en mi ser.
¡Aleluya, gloria a Dios!
Es como un río de agua viva, ¡viva!
río de agua viva, ¡viva!
río de agua viva en mi ser.
Ama a tu hermano y alaba a tu Señor,
ama a tu hermano y alaba a tu Señor.
Da gloria a Dios, gloria a Dios,
gloria a Él.
Ama a tu hermano y alaba a tu Señor.

El caso es que a la media hora de estar allí me aburría más que un cangrejito moro en un cubo. Pero pensé que se me pasaría, que sería cuestión de adaptarse. Dientes, que diría la Pantoja. Y a cantar y dar palmas. Como si estuviese en el Rocío. Aquello tampoco parecía tan malo. Pero podía ser peor. De hecho, llegó a ser peor.
El viernes me despertaron a las siete y me sentaron en un banco, de madera, en una capilla, a rezar. Sin café. Sin tostadas. ¿Cómo se puede rezar sin desayunar primero? Por lo visto, se puede. Aunque yo no lo conseguí. Recuerdo que me mantenía milagrosamente en posición vertical (milagroso por lo temprano y porque dormir en el suelo no es lo que mejor me sienta para la espalda) sumida en mis soñolientos pensamientos que, por supuesto, nada tenían que ver con Dios. Al final, nos dieron de desayunar. Rápido. Y a seguir rezando. No podíamos hablar entre nosotras. Sólo rezar y meditar. ¿Meditar en qué? Yo estuve pensando que en cuanto saliera de allí, que en principio iba a ser lunes santo, podía acercarme a Bahía Sur a comprarme unos zapatos muy bonitos que ya tenía vigilados desde hacía tiempo...
Jesús te llama, Jesús te llama, repetía el director espiritual.
A mi no. A mi no me llamaba. Dejé de pensar en los zapatos y escuché con atención.
Nada.
***
La monjita, que era un cielo, me dijo que el Diablo me estaba intentando tentar. Pensé en contestarle que si Satanás se manifestaba en forma de zapatos rosa, coche azul, ordenador y bocadillo de tortilla de patatas con mayonesa, efectivamente había conseguido convencerme para que pecara sin miramientos. Pero me limité a decirle, muy seria: hermana, necesito irme. Antes de dejarme marchar, me hicieron confesar con un hombre que me preguntó si mantenía relaciones pecaminosas e ilegítimas con mi novio. Le dije que con mi novio no, puesto que no lo tenía.

¿Y qué cojones te importa a ti ese tipo de cosas? ¿acaso te he preguntado yo por tu vida íntima? Déjame en paz y ponte a ver Aquí hay tomate y a repartir perdón indiscriminado a todos los depravados que salen en la tele, si eso te hace feliz... hombrepordios*

Cuando salí de allí, me sentí aliviada. Mi retiro (que duró menos de 24 horas) había acabado y me había servido como jamás pensé que serviría. Decidí que nunca volvería a rezar. Y ahora soy una más que no se puede borrar, católica por cojones. Pero si alguien pregunta por mí decid que, aunque mi nombre siga en la lista, hace tiempo que me escapé por una ventana.

*Esto sólo lo pensé. No lo expresé en voz alta. Me limité a decir necesito irme.